Cuore Solare
Madrid, 2000 Carmen Pallarés
Ideas del corazón, sentimientos
de la inteligencia: albergues para símbolos de la denominada
Filosofía Perenne. Siempre con esa luz al fondo del entendimiento
sentido y del sentimiento razonado. Obras de Maurizio Lanzillotta, quien
ha llegado a saber pintar que el símbolo es la manifestación
ideológica del ritmo místico de la creación, y
que el grado de veracidad atribuido al símbolo es una expresión
del respeto que el hombre es capaz de conceder a este ritmo místico,
tal como impecablemente dice Marius Schneider.
Las colecciones anteriores de Lanzillotta se centraban en signos básicos
y esenciales, en estructuras abstractas y en campos de color matizadísimos
que siempre nos recordaban que la existencia del color es subsidiaria
de la existencia de la luz. Ahora da entrada pública a la figuración
del rostro humano, con su esplendor de luz cristalizada y su tiniebla
densa. Más con su opción representativa, sus obras siguen
siendo vehículos de ideas arcanas, de improntas antiquísimas
que él no "explica" pintando: tal cosa no sería
más que cáscara ilustrativa, envoltorio superficial. Su
pintura "da a ver" una realidad del espíritu, una aspiración
cumplida con los medios visuales idóneos.
La actividad de la contemplación - nada menos pasivo que la contemplación
- se ve inmediatamente favorecida por los propósitos temáticos,
por la elección formal y por la altura artística de este
pintor quien, además, hubiera podido firmar aquí su propio
texto, con claras facultades de escritor.
Cuore solare el de estas obras, sí.
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